“Ya lo he hecho, lo he intentado todo”

16.11.2016

Esta frase es muy frecuente en la consulta, y refleja el sentimiento de frustración, de desesperación, al que podemos llegar cuando usamos "herramientas" y no obtenemos los "resultados esperados" para aliviar la incomodidad y malestar que forman parte de la mayoría de los síntomas.

Pero detengámonos por un instante, y desglosemos la frase anterior:

  • "Herramientas": Las personas utilizamos nuestras propias estrategias para afrontar, abordar o tratar de eliminar la situación que influye sobre lo que nos está ocurriendo, o lo que estamos sintiendo, y nos crea tanta incomodidad.
  • "Resultados esperados": Ante cada paso que damos, creamos unas expectativas que influyen de forma importante en lo que posteriormente encontramos.

En muchas ocasiones, ante una situación de dificultad, ya sea a nivel laboral, en la pareja, con los amigos, etc., tratamos de abordarla según nuestras experiencias vividas, y, por ende, con nuestra manera de ser, nuestra personalidad. Está ahí porque tiene que estar, es decir, si nos ha sido útil, por qué no.

Pero, ¿qué ocurre cuando algo que nos ha servido en múltiples ocasiones tratamos de ponerlo en marcha una y otra vez, aunque ya, para esta situación en concreto, no sirva como en las anteriores? Persistimos en usarlo porque nos resulta familiar, cómodo, parece que nos encontramos más seguros, y además fue algo que encajó muy bien en el puzle de nuestra manera de ser. Pero cuando esto se convierte en un empeño infructuoso, nos encontramos con los sentimientos tan desagradables de los que hablábamos antes.

¿Y esto qué significa? ¿Qué no lo usemos más? ¿Tenemos que desechar algo que ya forma parte de nosotros? Posturas extremas no suelen ser demasiado ventajosas, y saber usar cada herramienta en el momento adecuado, o combinarlas, puede ayudarnos a que aquello que se convirtió en una piedra en el zapato sea estupenda para construir nuestro futuro.

Por eso, normalmente, ni lo hemos hecho todo, ni lo hemos intentado todo, sino que posiblemente hayamos usado herramientas cuando no era el mejor momento, no se ajustan a las necesidades del presente, o, por ejemplo, las ponemos en marcha de una forma incorrecta, ya sea por desconocimiento o por saber demasiado. En otros momentos, seremos nosotros mismos los que necesitemos engañarnos, para creer que no tenemos capacidades o que las capacidades la tienen otros.

No seré yo quien tenga tu capacidad. Seré quien te ayude a encontrar la tuya, a fortalecerla, y, si quieres, puedas aprovechar lo mejor de ti. Porque no de síntomas vive el psicólogo clínico, sino de las virtudes que las personas demostramos día a día tener, y nos da la posibilidad de crear algo nuevo, algo distinto, algo... nuestro.

No, no me olvido. ¿De qué? De las expectativas. De eso que esperamos que ocurra, o que sea de determinada manera, porque en un momento lo fue, y entonces esta podría ser otra más. Pero, si algo no nos fue bien antes, ¿ya no podrá irnos bien después? Si me caí, ¿me tengo que volver a caer? Pues no lo sabemos, pero si buscamos, será más fácil que hallemos.

Dejar estar a lo que sentimos, pensamos y hacemos, para poder aprender de ello; cambiarlo o gestionarlo en la medida de lo posible, y acercarnos a lo que nos proponemos, parece una postura más rica que esperar a tener la certeza de que el paso siguiente será exactamente como lo imagino, y si no, no ando.

Otro dicho: "el tiempo lo arregla todo". Pero no es sólo el paso del tiempo lo que hace que las personas cambiemos, sino lo que hacemos con el tiempo que se nos ha dado. Pues quietos y quietas nos quedamos en muchas ocasiones, presas de nuestros miedos e ideas, pero también somos capaces de reunir el valor suficiente para continuar hacia delante construyendo nuestra vida.

Porque recuerda: "el mundo es como es, pero también como lo miramos, como lo sentimos".

Juan Antonio Verdugo - Psicólogo Clínico

- Artículo Personal -

Juan Antonio Verdugo - Psicólogo Clínico

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